jueves, 17 de mayo de 2012

Profesor Ansthon y su conocimiento de los caracteres



Así como hoy muchas industrias alimenticias o químicas buscan un certificado de alguna universidad que avale o asegure a sus clientes que el producto que ellos producen posee las propiedades publicitadas, Martin Harris viajó a Nueva York para lograr un certificado del Dr. Charles Ansthon que diera validez al público sobre la traducción hecha por José Smith sobre el Libro de Mormón[1].

José estuvo de acuerdo en que Martin Harris hiciera ese viaje y copió alguno de los caracteres del Libro de Mormón con su correspondiente traducción, los cuales Martín Harris presentó al profesor Anthon para que comprobara que la traducción era correcta. El relato está en JSH 1:64-65; en el cual se destaca el cumplimiento de la profecía por parte de dicho profesor al mencionar que él no podía leer un libro sellado[2].

Martín Harris volvió sin el certificado esperado por causa de que quien lo emitió posteriormente lo rompió para no ver su nombre certificando un evento que incluía la ministración de ángeles en esa época.

El profesor Anthon posteriormente hizo afirmaciones desmintiendo estos hechos, sin embargo la veracidad de los mismos se ve reflejada en la actitud posterior de Martin Harris quien dio importante apoyo a José Smith e hipotecó sus propiedades para tener los recursos para la impresión y publicación del Libro de Mormón, si hubiese tenido dudas no hubiese gastado tanto dinero en lago que no tenía certeza de su veracidad.

Lo importante de todo este acontecimiento son dos cosas, la primera es el cumplimiento de la profecía, y segundo el apoyo y conversión de Martin Harris a la causa del establecimiento de la Iglesia. Para él fue muy difícil apoyar a José durante su traducción por motivo de su esposa venenosa que permanentemente asediaba a los Smith buscando las planchas y hostigando, hasta que finalmente ella fue la responsable de la pérdida de las 116 páginas traducidas del Libro de Lehi en el Libro de Mormón. Nunca quiso admitir qué finalmente ocurrió con las páginas, ella decía que las había quemado, pero el Señor reveló el motivo de su pérdida[3].

Diga lo que diga el profesor Ansthon, la actitud de Martin Harris no dependía de los que el admitiera más adelante, pues Harris logró un convencimiento de que la traducción era hecha por el don y poder de Dios. Ansthon era profesor del Columbia College, que más adelante llegó a ser la Universidad de Columbia, pero era profesor de Latín y Griego, lenguas muertas de Europa. Debido a que su carrera él era un lingüista pudo conocer algo de la escritura que le llevaba Martin Harris. Ansthon hace dos declaraciones sobre ellas: primero, que ellos eran caracteres genuinos egipcios, caldeos, asirios y árabes; y segundo, que la traducción era exacta. Sobre la primera observación es posible que él reconociera tales caracteres, pero no por seguro; los caracteres deben haber sido una mezcla de demótico con hierático y deformados de alguna forma por los nefitas después de tantos años. Pero la segunda declaración es más asombrosa, en la que dice que la traducción era exacta. Sorprende cómo llegó a tal conclusión. Él no hizo ningún libro ni publicación sobre escritura egipcia, sí era una autoridad en latín y griego, pero su orgullo le llevó a no ser honesto en admitir que no conocía su traducción. Hace muy pocos años Champolión había publicado su diccionario egipcio, y haber traducido un texto debía llevar horas y no sólo con mirarlo llegar a concluir que la traducción era exacta. Ansthon consideró dos posibilidades ante la consulta de Harris, si le decía que la traducción no era exacta él debía proponerle otra traducción, pero no tenía los medios intelectuales para hacerla; y la otra alternativa, que era más económica, era admitir que la traducción era muy buena, lo cual no le requeriría ningún esfuerzo ni costo, pero no era una alternativa decir que no sabía si la traducción era correcta, su orgullo le impidió considerar tal alternativa. Pensó que pudiese ser un motivo de desprestigio. A Martin Harris le bastaba con saber que los caracteres eran auténticos, porque el muchacho de campo que él conocía no podía haberlos inventado ni tenía educación para escribirlos.

Finalmente Harris volvió contento con o sin certificado, porque él ya lo sabía, le hubiera gustado tener el certificado para restregárselo a su esposa, pero lo importante es que en esa época él lo supiera por su rol en apoyar a José en sacar a luz el Libro de Mormón. Pese a su alejamiento posterior, él volvió a la Iglesia, inclusive viajó y murió en Utah en 1875, cercano al círculo mormón que le debe su gratitud.




[1] JS-H 1:63-65
[2] Isaías 29:11-12; 2 Nefi 27:10
[3] D&C 10


Roberto

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